viernes, 10 de septiembre de 2010

Filias y fobias

A los lectores omnívoros, a los que nos gusta picotear de letras variadas, nos viene de perlas contar con oasis de opinión fiables en los que refrescarnos cuando nos asalta la sed de nuevas lecturas. Así, con el tiempo, uno va reuniendo en su agenda gastronómico-literaria particular a amigos, críticos y reseñadores con gustos parecidos al suyo y recurre a ellos ante la duda de si tal o cual título tiene sustancia realmente o si, por el contrario, tocar hacer un saludable ayuno.

Del mismo modo que entre esos enlaces que hay abajo a la derecha encuentro periódicamente opiniones que me ayudan a formarme una idea sobre algunas novelas que me interesan, a corroborar impresiones dejadas por obras ya digeridas o a descubrirme matices que quizá en su día pasaron volando demasiado por debajo del radar de mi paladar, me gusta pensar que en esta humilde bitácora recalan de vez en cuando peregrinos que, a la salida, no importa cuánto haya durado su estancia, se llevan consigo siquiera un ápice de la información que buscaban cuando llegaron.

A todos estos viajeros de paso (los que tengan Reyes y Truenos por parada de postas habitual sé que se habrán dado cuenta hace tiempo) va dirigido este caveat lector: Mi blog no contiene ninguna reseña objetiva. Pero es que ni una sola, es tremendo. De verdad. Procuro huir en la medida de lo posible del «me gusta porque sí» y el «me parece una mierda porque asá», creo que no me faltan herramientas para ello y me esfuerzo por llevar la teoría a la práctica porque ése es el trato que me gusta recibir cuando busco la valoración de alguna novela en otros rincones. Quid pro quo. Ends meet. Cacahué.

Pero a veces es que resulta imposible. Y como muestra, por si a alguien le da pereza bucear en entradas más antiguas, dos botones de novísimo cuño:

EIN KÖNIG FÜR DEUTSCHLAND, de ANDREAS ESCHBACH, nos cuenta la historia de una hipotética restauración de la corona alemana por parte del sobrio pero revolucionario cuando se tercia profesor de instituto Simon König y su hijo ilegítimo Vincent, genio de la informática y manazas para absolutamente todo lo demás envuelto en turbias manipulaciones electorales en los EE.UU., amén de víctima del chantaje del mago Zantini, cabaretista de ascendencia italiana e inevitables contactos mafiosos, respaldado por un hombre con el cuerpo tatuado de pies a cabeza y una mujer barbuda. Ah, y por un enano cascarrabias, pero éste sale muy poco. El elenco de personajes arquetípicos y esperpénticos dura y dura, pero mejor parar aquí y terminar cuanto antes con la parte más objetiva e insulsa de esta reseña: Ein König für Deutschland es un thriller detrás del que se nota que hay un trabajo de documentación exhaustivo (y por si acaso no se notara, las abundantes notas a pie de página ya se encargan de recordárnoslo cada pocas páginas), un palpable intento por parte del autor de imprimir una mayor dosis de humor a su estilo, y una innegable motivación más pegada a lo puramente alimenticio que a la excelencia literaria en su factura. Indigno de Eschbach. De película de sobremesa. Y la novela con la que mejor me lo he pasado en muchos, muchos meses.

¿Que esto cómo se come? Muy fácil: La mitad de la acción transcurre en los Estados Unidos y la otra mitad en Alemania, más concretamente en Stuttgart, que da la casualidad que es donde vivo yo desde hace esta semana seis años. Y así, leyendo sobre algunas costumbres suabas como la sacrosanta Kehrwoche, o el ritual de la confección de un buen Braten; visualizando a los personajes en escenarios tan familiares como el Schloss Solitude, donde tantos domingos soleados habré pasado de merendola, o en la Königstrasse de la capital, o en Ludwigsburg; compartiendo vicariamente las vivencias de un grupo de ya-no-tan-jóvenes inadaptados aficionados a los juegos de rol, la emotiva mención al clásico Schwarze Auge... se le fueron vendando solos los ojos al lector más gourmet que llevo dentro a la vez que, con cada página que pasaba, se iba despertando un poco más el apetito de esa otra faceta que tenía quizá un poco desnutrida últimamente: la del goloso encerrado por accidente en una confitería, o la del glotón que ve cómo su dietista le levanta un régimen estricto el día que menos se lo espera. Y qué atracón, señores. De los de café, copa, puro, siesta y partida después.

Ahora bien, recomendar la novela, lo que es recomendarla... sin paliativos no, la verdad.

En cambio con SCHWARZFALL, de PETER SCHWINDT, me ha ocurrido justamente lo contrario. Cuando leí la sinopsis (en la ciudad de Fráncfort se produce un inesperado apagón general y la gente se las tiene que ingeniar para salir adelante sin electrodomésticos, enfrentándose a la escasez de víveres y combustible) reconozco que enseguida resonaron en mi cabeza ecos del Ensayo sobre la ceguera de José Saramago. ¿Por qué no? Y si por talento literario se quedaba corto, al menos la premisa de partida prometía ser lo bastante interesante como para ayudarme a pasar una página detrás de otra hasta el final.

Y así fue, las páginas aleteaban ante mis ojos a una velocidad pasmosa, pero no porque Schwarzfall tenga nada en común con Ensayo sobre la ceguera, aparte de la oscuridad que envuelve a sus protagonistas durante gran parte de la trama. La novela de Schwindt prometía ser un thriller de altos vuelos y se queda en telefilm de sobremesa. Ni la estructura, ni los personajes, ni el vocabulario empleado por el autor destacan de ninguna manera. Y sin embargo...

Y sin embargo, el cinismo, la violencia y la vulgaridad del lenguaje empleado son los tres sencillos acordes que utiliza el autor para componer una moderna oda punk a los tiempos que corren, caracterizados por los altos índices de desempleo, el repunte de la xenofobia, el ensalzamiento de la vanidad frente a la educación y la glorificación del individualismo frente a la solidaridad. Y a mí el punk, pues oye, como que siempre me ha gustado. Por eso recomendaría la novela, no a quienes busquen deleitarse con enrevesados rompecabezas argumentales o con evocadoras concatenaciones interminables de alegóricas oraciones subordinadas, sino a quienes no tengan bastante con el cáustico baño de realidad con que nos abrevan los telediarios y deseen sumergirse más aún, quizá con una bombona de introspección bien cargada a la espalda, en las tenebrosas profundidades de nuestro día a día.

Aunque parezca incongruente no querer recomendar una lectura que me ha gustado, y viceversa, sé que la inmensa mayoría de las críticas y reseñas literarias que se pueden encontrar en la Red contienen esa pequeña dosis de contradicción. Tan sólo es cuestión de saber de qué pie cojea cada uno. Y nosotros ya nos vamos conociendo, ¿verdad?

1 comentario:

  1. Afortunadamente, todo tiene su doble vertiente y, poder escoger rompe la rutina. Esto mismo que comentas me ha pasado a mi, tanto con películas como con telefilmes, y entiendo perfectamente tu reflexión. :)

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